{"id":143,"date":"2026-06-04T16:13:35","date_gmt":"2026-06-04T16:13:35","guid":{"rendered":"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/?page_id=143"},"modified":"2026-06-04T16:30:02","modified_gmt":"2026-06-04T16:30:02","slug":"13-2","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/?page_id=143","title":{"rendered":"13"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"236\" src=\"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/encabezado-contenido-libro-9-1024x236.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-144\" srcset=\"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/encabezado-contenido-libro-9-1024x236.png 1024w, https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/encabezado-contenido-libro-9-300x69.png 300w, https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/encabezado-contenido-libro-9-768x177.png 768w, https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/encabezado-contenido-libro-9-1536x354.png 1536w, https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/encabezado-contenido-libro-9.png 1821w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\"><strong>Cap\u00edtulo 2<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<h1 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\"><strong>El l\u00edmite<\/strong><\/h1>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\"><em>El oro y la memoria del sistema<\/em><\/h3>\n\n\n\n<div style=\"height:80px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche del 15 de agosto de 1971 no parec\u00eda destinada a entrar en los libros de historia.<br>Como cada domingo, pr\u00e1cticamente no hab\u00eda un hogar en Estados Unidos donde la televisi\u00f3n no estuviera encendida.<br>El \u00faltimo momento del descanso familiar, antes de empezar una nueva semana de trabajo.<br>El presidente Nixon apareci\u00f3 en la pantalla para anunciar una serie de medidas econ\u00f3micas destinadas \u2014seg\u00fan explic\u00f3\u2014 a defender la estabilidad del d\u00f3lar frente a la presi\u00f3n de los mercados internacionales.<br>Habl\u00f3 de especuladores, de la necesidad de proteger la econom\u00eda estadounidense y de garantizar la estabilidad del sistema financiero.<br>Para muchos espectadores fue, m\u00e1s que nada, una molestia. Un mensaje presidencial que interrump\u00eda el entretenimiento del domingo por la noche con explicaciones t\u00e9cnicas que parec\u00edan no tener relaci\u00f3n con su rutina diaria.<br>Los hombres aprovecharon para reponer su cerveza y salir a tomar un poco de aire fresco en la calurosa noche veraniega.<br>Las mujeres llevaron los ni\u00f1os a dormir minti\u00e9ndoles que la interrupci\u00f3n iba a ser muy larga.<br>Cuando el presidente dijo la frase que constitu\u00eda el nudo central de su mensaje, los televisores estaban abandonados en las salas desiertas.<br>\u201cHe ordenado al Secretario del Tesoro suspender temporariamente la convertibilidad del d\u00f3lar estadounidense en oro\u201d.<br>El anuncio dur\u00f3 pocos minutos.<br>Al terminar, para alivio de los televidentes, la programaci\u00f3n continu\u00f3 normalmente. Cada cual volvi\u00f3 a su lugar preferido.<br>A la ma\u00f1ana siguiente, un comerciante parisino dirigi\u00f3 la vista apenas un instante sobre el titular antes de pasar a la p\u00e1gina de deportes.<br>En Londres, los diarios financieros comentaban el anuncio con cautela.<br>Algunos analistas intu\u00edan que se trataba de una decisi\u00f3n importante, pero pocos pod\u00edan medir su alcance real.<br>En Buenos Aires, sentado en la mesa habitual de la ventana que da a la Plaza San Mart\u00edn, un porte\u00f1o madrugador hoje\u00f3 \u201cClar\u00edn\u201d distra\u00eddamente cuando el mozo le dejaba el infaltable cortado mediano con medialunas de manteca sobre la mesa.<br>En Praga, detr\u00e1s del vidrio de un kiosco estatal, los peri\u00f3dicos mencionaban brevemente el anuncio de Washington. Para los lectores de la Europa socialista era una noticia del mundo capitalista, interesante desde el punto de vista ideol\u00f3gico, pero distante de su realidad cotidiana.<br>Para el ciudadano com\u00fan, en cualquier lugar del mundo, la noticia segu\u00eda teniendo el mismo aspecto: un asunto t\u00e9cnico de economistas y banqueros.<br>La bolsa de Nueva York tuvo en la jornada inaugural del nuevo esquema la mayor alza de su historia.<br>Los mercados internacionales reaccionaron con un abanico de sensaciones que iban desde la indiferencia al recelo considerando la medida como unilateral y agresiva por parte de Estados Unidos.<br>La decisi\u00f3n se tom\u00f3 un domingo por la noche.<br>El mundo empez\u00f3 a conocerla el lunes por la ma\u00f1ana.<br>Y tard\u00f3 una d\u00e9cada en entender de qu\u00e9 se trataba.<br>Pese a que para la mayor\u00eda de los lectores era una noticia dif\u00edcil de interpretar, la memoria colectiva americana se activ\u00f3 en un recuerdo com\u00fan a todos.<br>Desde sus albores, el sistema monetario internacional hab\u00eda funcionado bajo una restricci\u00f3n simple: el dinero pod\u00eda expandirse, pero en \u00faltima instancia deb\u00eda responder frente a lo que no pod\u00eda crearse por decisi\u00f3n pol\u00edtica.<br>La barrera infranqueable era la cantidad de oro que cada pa\u00eds tuviera como reserva disponible. A tanto oro, valuado a la cotizaci\u00f3n internacional, correspond\u00eda tanta cantidad de dinero emitido.<br>No porque el oro tuviera un valor m\u00e1gico.<br>Sino porque alterar esa ecuaci\u00f3n era un riesgo latente de incumplimiento. De faltar a la confianza recibida.<br>Exist\u00eda un l\u00edmite y se lo respetaba a ultranza. Esa pr\u00e1ctica disciplin\u00f3 al dinero.<br>Hasta que dej\u00f3 de existir.<br>La historia que se cerraba esa noche de agosto, hab\u00eda comenzado casi cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s.<br>En 1933, en el punto m\u00e1s profundo de la Gran Depresi\u00f3n, el presidente Franklin D. Roosevelt tom\u00f3 una decisi\u00f3n extraordinaria.<br>Mediante una orden ejecutiva, el gobierno de los Estados Unidos oblig\u00f3 a los ciudadanos a entregar sus monedas y lingotes de oro al Tesoro. A partir de ese momento, la posibilidad de que una persona presentara sus d\u00f3lares y reclamara oro fue cedida, con exclusividad, a los bancos centrales.<br>Los mayores por haberlo vivido siendo adolescentes y los m\u00e1s j\u00f3venes por haber escuchado las historias en infinidad de ocasiones, revivieron la escena de la gente, agolpada frente a los bancos para entregar el oro que atesoraban.<br>Las cr\u00f3nicas de la \u00e9poca describen escenas curiosamente tranquilas.<br>Hombres que llevaban peque\u00f1os sobres con monedas guardadas durante a\u00f1os.<br>Matrimonios mayores que entregaban las piezas heredadas de sus padres.<br>Comerciantes que abr\u00edan las cajas fuertes de sus negocios para cumplir con la nueva disposici\u00f3n.<br>No hab\u00eda dramatismo visible.<br>Los desconfiados y los nostalgiosos guardaron una o dos monedas como resguardo o como recuerdo.<br>Durante d\u00e9cadas el derecho de pedir el respaldo que era propiedad de los tenedores de billetes, hab\u00eda existido sin que casi nadie lo utilizara.<br>Era una garant\u00eda silenciosa.<br>Una promesa que rara vez necesitaba ponerse a prueba.<br>Y, con la misma naturalidad, los ciudadanos concurrieron masivamente a cumplir con su obligaci\u00f3n de entregar lo que guardaban personalmente.<br>Dos caras de la misma moneda. Dos expresiones opuestas de la misma confianza.<br>Urgido por los requerimientos de la guerra, Roosevelt dict\u00f3 en 1934 la Gold Reserve Act, llevando el valor de la onza troy de poco m\u00e1s de $ 20 a $35.<br>Este artilugio matem\u00e1tico le permiti\u00f3 aumentar de un plumazo su factibilidad de emitir d\u00f3lares sin forzar la regla.<br>Al elevar el valor contable de las reservas de oro del Tesoro, de manera autom\u00e1tica se incrementaba la capacidad de emisi\u00f3n.<br>Con una simple modificaci\u00f3n del precio oficial del metal, el Estado fortalec\u00eda su balance y recuperaba margen para intervenir en la econom\u00eda.<br>En 1944, cuando la Segunda Guerra Mundial se acercaba a su final, las principales econom\u00edas del mundo se reunieron para reconstruir el orden monetario internacional.<br>Delegados de cuarenta y cuatro pa\u00edses aliados firmaron, en el hotel Mount Washington de la apacible localidad de Bretton Woods, situada en el estado de New Hampshire, un tratado que lleva el nombre de la ciudad sede.<br>El objetivo era ambicioso: reconstruir un marco monetario estable que evitara las turbulencias financieras que hab\u00edan caracterizado el per\u00edodo entre las dos guerras mundiales.<br>La devastaci\u00f3n del conflicto obligaba a reorganizar el comercio internacional y establecer reglas claras para las monedas.<br>En ese contexto, Estados Unidos emerg\u00eda como la \u00fanica gran potencia industrial intacta y con las mayores reservas de oro del planeta.<br>La nueva estructura coloc\u00f3 al d\u00f3lar en el centro de la arquitectura monetaria global, al ser declarado moneda de referencia y de uso obligatorio en todo el comercio internacional.<br>Todos los pa\u00edses constitu\u00edan sus reservas en d\u00f3lares y s\u00f3lo Estados Unidos manten\u00eda la convertibilidad, reservada de manera exclusiva a los bancos centrales y los gobiernos participantes en el tratado.<br>El sistema conservaba todav\u00eda su ancla.<br>Durante las d\u00e9cadas siguientes, funcion\u00f3 como si nada hubiera cambiado.<br>Pero su estabilidad depend\u00eda de que bajo ning\u00fan concepto ni en ninguna circunstancia se alterara la relaci\u00f3n entre d\u00f3lares y oro.<br>Con el paso del tiempo esa relaci\u00f3n comenz\u00f3 a deteriorarse.<br>El comercio internacional crec\u00eda r\u00e1pidamente y el d\u00f3lar se convert\u00eda cada vez m\u00e1s en la moneda de referencia para las transacciones globales.<br>Cada nuevo d\u00f3lar emitido implicaba una promesa impl\u00edcita: que el Tesoro de Estados Unidos deber\u00eda entregar oro a los bancos centrales que as\u00ed lo exigieran.<br>El crecimiento econ\u00f3mico, el gasto p\u00fablico y las tensiones geopol\u00edticas multiplicaron los d\u00f3lares en circulaci\u00f3n.<br>Las reservas no crec\u00edan al mismo ritmo.<br>Las contradicciones se hac\u00edan cada vez m\u00e1s evidentes.<br>A fines de los `50, el economista belga Robert Triffin hab\u00eda planteado su profundo \u201cdilema\u201d: \u201cSi el mercado cuenta con una reserva fija y necesita m\u00e1s d\u00f3lares para crecer, cada d\u00f3lar adicional hace menos cre\u00edble la posibilidad de convertirse a oro\u201d.<br>Para comienzos de la d\u00e9cada de 1970 el equilibrio ya no pod\u00eda sostenerse.<br>Fue entonces cuando Nixon tom\u00f3 la decisi\u00f3n que el mundo escuch\u00f3 aquella noche de agosto.<br>La vida sigui\u00f3 su curso.<br>No hubo protestas en las calles.<br>No hubo corridas hacia los bancos.<br>Nadie reclam\u00f3 siquiera un per\u00edodo de transici\u00f3n en el que pudiera ejercer, por \u00faltima vez, el derecho conculcado.<br>Sin embargo, ese anuncio cerraba una historia que llevaba m\u00e1s de un siglo.<br>La mayor\u00eda de las personas interpret\u00f3 el anuncio como una medida t\u00e9cnica. Sin percatarse que el sistema monetario global perd\u00eda el l\u00edmite que lo hab\u00eda disciplinado durante m\u00e1s de un siglo.<br>A partir de ese momento, la cantidad de dinero en circulaci\u00f3n ya no depender\u00eda de un l\u00edmite f\u00edsico.<br>Era producto de decisiones humanas.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-buttons is-content-justification-center is-layout-flex wp-container-core-buttons-is-layout-35f06ea7 wp-block-buttons-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-button\"><a class=\"wp-block-button__link has-base-background-color has-background has-text-align-center wp-element-button\">Mi mirada personal<\/a><\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El oro nunca desapareci\u00f3 completamente.<br>Los bancos centrales siguieron acumul\u00e1ndolo.<br>Como si conservaran una memoria silenciosa del antiguo l\u00edmite.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo 2 El l\u00edmite El oro y la memoria del sistema La noche del 15 de agosto de 1971 no parec\u00eda destinada a entrar en los libros de historia.Como cada domingo, pr\u00e1cticamente no hab\u00eda un hogar en Estados Unidos donde la televisi\u00f3n no estuviera encendida.El \u00faltimo momento del descanso familiar, antes de empezar una nueva [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-143","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/143","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=143"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/143\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":152,"href":"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/143\/revisions\/152"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/lahistoriadelfuturo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=143"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}