
Entre todas las ficciones compartidas que las sociedades han construido a lo largo de la historia, hay una que ocupa un lugar singular.
El dinero.
El dinero es, probablemente, la ficción compartida con mayor aceptación transversal que haya creado la humanidad.
Para regular la circulación del dinero, fundar y sostener la confianza, cada estado fue desarrollando su sistema monetario
Más allá de sus diferencias, todos compartían una característica fundamental: la existencia de límites que el propio sistema se imponía a sí mismo.
Esos límites no garantizaban la perfección.
Pero ayudaban a construir credibilidad.
Cuando esos límites desaparecieron, el sistema siguió funcionando.
Pero ya no volvió a ser exactamente el mismo.