14

Capítulo 3

La ruptura

Inflación, moderación y desborde

El final de los ’60 con la llegada del hombre a la Luna y el comienzo de la década siguiente con el Mundial de fútbol México 70, marcaron el inicio de la era en que ya no nos contaban los acontecimientos “después” que ocurrieron, sino que nos lo mostraban en el instante en que sucedían.
El mundo era, ahora, cercano e inmediato. La tecnología había bajado a la tierra y cambiaba para siempre la vida cotidiana.
No obstante esa sensación de prosperidad incontenible, la economía del líder mundial cargaba con un déficit estructural producto de los excesos presupuestarios que demandaban la guerra de Vietnam y sus ambiciosos programas sociales internos.
En tanto, el comercio internacional requería cada vez más dólares para sostener su expansión.
Al mismo tiempo, el mercado ya operaba sin su antigua restricción, aunque nada en la superficie pareciera haber cambiado.
En los dos primeros años del nuevo régimen no se produjeron desajustes significativos. La inflación se mantuvo en niveles moderados.
Como consecuencia de la llamada guerra de Yom Kipur, en Octubre de 1973, el petróleo dejó de ser un insumo para convertirse en un instrumento político. Su precio se multiplicó en pocas semanas y el equilibrio general quedó expuesto.
A partir de allí, la inflación comienza a acelerarse, llegando en Estados Unidos a niveles cercanos al 15 % anual.
Al mismo tiempo, la actividad se contrae y el desempleo crece.
Las teorías dominantes suponían que inflación y desempleo se movían en direcciones opuestas.
Y, sin embargo, ambas estaban creciendo al mismo tiempo.
Empieza a hablarse de estanflación. Un fenómeno que los esquemas económicos tradicionales no lograban explicar.
En tanto, Arabia Saudita y Estados Unidos firman un acuerdo mediante el cual el petróleo se vendería en dólares que, inmediatamente, irían a invertirse en los mercados estadounidenses.
La forma perfecta de sostener el equilibrio sin su antiguo ancla.
Ese mecanismo sería conocido como petrodólar.
Durante un tiempo el nuevo equilibrio funcionó. Pero no resolvía las fragilidades estructurales que había acumulado.
El nuevo mercado financiero empezaba a generar riesgos que el anterior no tenía.
Con la llegada en 1979 de Paul Volcker a la Reserva Federal, las tasas de interés se elevaron a niveles inéditos. El crédito se contrajo, la actividad, el empleo y el consumo cayeron y la inflación finalmente cedió.
Las entidades bancarias fueron las que absorbieron estas consecuencias no deseadas del nuevo régimen y empiezan a sufrir grandes pérdidas.
En 1984, el séptimo banco en importancia de los Estados Unidos, el Continental Illinois, estaba a punto de caer como consecuencia de su exposición a los préstamos al sector energético.
Se decidió su salvataje recurriendo a medidas extraordinarias.
En la discusión parlamentaria que aprobó estas medidas, se hizo famosa la expresión del diputado Stewart McKinney al decir: “Tenemos un nuevo tipo de banco en el sistema: los demasiado grandes para dejarlos caer”.
La expresión capturaba un cambio profundo en la lógica del mundo financiero.
Si una institución era demasiado grande para caer, el mercado dejaba de ser el único mecanismo disciplinador.
El límite ya no estaba en la capacidad de crear dinero, sino en el tamaño de las crisis que las autoridades estaban dispuestas a permitir.
La discrecionalidad empezaba a ocupar ese lugar.
La “estabilidad Volcker” dura hasta el año 2000 con algunas manifestaciones de default de entidades en distintas partes del mundo que marcaban la fragilidad del nuevo modelo.
La innovación financiera y tecnológica amplió de manera inédita la capacidad para generar crédito.
La irrupción de internet impulsó valoraciones empresarias desconectadas de los fundamentos.
El fenómeno mostraba algo nuevo: los mercados podían inflar activos a velocidades inéditas.
El crédito comenzó a expandirse a través de instrumentos cada vez más complejos, que prometían dispersar el riesgo, pero terminaron ocultándolo.
La primera burbuja estalla en el año 2000.
Como si no hubiesen aprendido de sus propios errores, los bancos centrales bajan las tasas y comienza una creación masiva de crédito barato. Un orden más sofisticado, pero, a la vez, de mayor fragilidad.
El crecimiento del crédito sostenía una estabilidad aparente
Los niveles de incumplimiento explotaron y, entonces, los bancos debieron salir masivamente a ejecutar sus títulos de créditos. El precio de los inmuebles se derrumbó y los bancos volvieron a entrar en una nueva vorágine de bancarrotas.
Había estallado la segunda burbuja.
Instituciones que parecían indestructibles quebraron o necesitaron ser rescatadas. Según conviniera al mercado.
Quedó en evidencia la interdependencia financiera global.
Los bancos centrales reaccionaron con rescates, expansión monetaria y tasas bajas.
El sistema había decidido sostenerse sin límites claros.